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La vida y su conservación

Las especies son esenciales en el funcionamiento de la vida en nuestra casa que es nuestro planeta; por eso, es importante conservarlas.
Con este objetivo, tenemos que saber cómo son, cómo se organizan en comunidades y cómo interactúan en los sistemas ecológicos.
En el último siglo XX, hemos visto degradaciones ambientales enormes: muchas especies en extinción o en drástica reducción de sus poblaciones, la destrucción o alteración rápida de sus ecosistemas y cambios nunca vistos en el clima del planeta. Esta gran crisis ambiental ha coincido con la disminución de las ciencias naturales en los centros académicos de referencia.

lunes, 23 de mayo de 2016

El oso pardo en el Pirineo Occidental, hoy

El oso pardo en el Pirineo Occidental: tiempos mejores que en el pasado, pero con las incertidumbres y desafíos propios de un úrsido.

Desde que en 1996 se inició la suelta de osos eslovenos para recuperar la población de los Pirineos, el número no ha dejado de crecer, y en la actualidad al menos 35 osos se mueven por las dos vertientes del macizo montañoso. Pero prácticamente todos ellos se concentran en el Pirineo Central, en el Valle de Arán y el Parque Natural del Alto Pirineo (Lérida) y en los Departamentos franceses de Ariège y Haute Garonne, entrando algún individuo en los montes de Andorra y del Pirineo Oriental y del noreste de Huesca.

 Esta subpoblación prospera adecuadamente como reflejan los datos anuales de reproducción: cinco osas con siete oseznos en 2014 y tres con seis oseznos en 2015. Además, está previsto liberar este año un macho esloveno para mejorar la genética de esta subpoblación.

Por el contrario, el núcleo del Pirineo occidental –ubicado entre el noreste de Navarra, el noroeste de Huesca y el sur del Bearn francés- parece abocado a la extinción. Se trata de una verdadera tragedia, porque los valles del Roncal, Ansó, Hecho y los bosques del Bearn francés en Aspe y Ossau han constituido el último reducto pirenaico del oso a lo largo del siglo XX. 

De hecho, en 1970 quedaban unos 25-30 osos en el Pirineo occidental y solo 6-9 en el central. Entre 1982 y 1984, la cifra se había reducido a 13-14 adultos en el Pirineo occidental y solo 4 en el central. 

Cuando a mediados de los años 90 se decidió reforzar la población pirenaica con osos eslovenos, se había previsto la suelta en la vertiente francesa del Pirineo occidental, donde sobrevivían una sola hembra y unos pocos machos autóctonos.

Pero el conflicto social obligó a la administración francesa a cambiar el plan, y los osos se reintrodujeron al final junto al Valle de Arán. Mientras el núcleo central se consolidaba y prosperaba, los últimos supervivientes autóctonos recluidos en el sector occidental acabaron muriendo uno tras otro.

Y así llegamos al momento actual. En mayo de 2016, solo hay dos machos vagando por los bosques del Pirineo occidental, desconectados de la subpoblación principal del Pirineo Central: se trata de Neré y Cannellito. El primero es un oso esloveno nacido en 1997 de Ziva (una de las dos osas eslovenas liberadas -ambas preñadas- en 1996), que se dispersó en 2002 desde el Valle de Arán al Pirineo occidental. Allí se apareó con la última osa autóctona, Cannelle, que diez meses antes de ser abatida por un cazador a finales de 2004 había parido a Cannellito, un macho de origen mixto que ahora tiene ya 12 años. En las circunstancias actuales, la viabilidad de esta subpoblación occidental es prácticamente nula, ya que es muy improbable que alguna de las hembras del núcleo central se disperse y se establezca en los territorios del viejo Neré (19 años) y de su hijo Cannellito. Si no se toma ninguna medida, estos machos acabarán muriendo sin tener opción de reproducirse.

La única posibilidad de recuperar la subpoblación occidental es la introducción de hembras eslovenas. Las condiciones ecológicas son perfectas: los montes están bien conservados y se han hecho más salvajes en las últimas décadas. Pero habría que ver si las condiciones sociales han mejorado. Hay motivos que nos inducen a pensar que la animadversión hacia el oso se ha reducido en la zona occidental. La experiencia de Cataluña con los osos reintroducidos en las dos últimas décadas muestra que una adecuada protección al ganado puede reducir los daños casi a cero. En el Pirineo central, el rechazo inicial al plantígrado se ha ido desvaneciendo, y cada vez hay más sectores que ven en el oso un elemento importante del desarrollo rural.

Tales motivos nos inducen a ser moderadamente optimistas ante la perspectiva de un reforzamiento en el núcleo occidental. Convendría estudiar las posibilidades de conexión futura de las dos subpoblaciones pirenaicas y otros aspectos ecológicos. Pero, sobre todo, habría que preparar el terreno en el aspecto social, favoreciendo la mejor convivencia entre la ganadería extensiva de ovino, la apicultura y los osos, aportando información abundante y buscando el consenso con la población local. La experiencia acumulada en la Cordillera Cantábrica y en el Pirineo central será de gran utilidad, y el esfuerzo merecería sin duda la pena. Los magníficos bosques de Roncesvalles, Hecho y Ansó no podrán estar completos sin la presencia del oso.

Se ha avanzado mucho en la reistautación de las agónicas polaciones de oso pardo en el Pirineo; no obstante, no se puede caer en la euforia irreal sobre los desafíos que le quedan a esta especie tanto a nivel social de aceptación antrópica como en el alcanzar territorios donde hoy es ausente, y qué hy por hoy son la mayoria.

El oso en el pirineo occidental, hoy

viernes, 20 de mayo de 2016

Comment des oiseaux meurent en Afrique à cause de la montée des températures en Sibérie



À cause du réchauffement climatique, la taille de certains oiseaux migrateurs est réduite. De plus, leur morphologie est modifiée. Autant de changements qui menacent leur survie.

Les oisillons du bécasseau maubèche souffrent de malnutrition à cause du réchauffement climatique. ©ARDEA


CONSÉQUENCES.

Ces trente dernières années, le réchauffement dans l'Arctique a provoqué une réduction de la taille et une modification de la morphologie d'oiseaux migrateurs qui se reproduisent dans le nord de la Russie et reviennent passer l'hiver en Afrique, a déterminé une équipe internationale de scientifiques. Les oisillons, des bécasseaux maubèche (calidris canutus), qui naissent dans la péninsule de Taïmyr sur la côte nord de la Sibérie centrale où le réchauffement du climat s'accélère, ne grandissent pas assez avant le début de leur migration vers l'Afrique de l'ouest parce qu'ils naissent trop tard et ratent la période où les populations de moustiques, leur nourriture de choix, sont les plus nombreuses, expliquent-ils. Leurs travaux ont été publiés jeudi 12 mai 2016 dans la revue américaine Science.

Double peine

Une analyse des images satellite de la péninsule de Taïmyr depuis trente ans montrent que la neige dans les lieux où ces oiseaux se reproduisent fond de plus en plus tôt avec la montée des températures, au rythme d'un demi jour par an, soit actuellement plus de deux semaines plus tôt qu'il y a trois décennies. 

 La disparition de la couche neigeuse marque le début du maximum de la saison des moustiques dans l'Arctique qui est la principale source de nutrition de ces oisillons avant de partir pour entamer leur longue migration vers la côte de l'Afrique de l'ouest.


"Nous avons observé que les jeunes bécasseaux maubèche que nous capturions le long de la côte baltique en route vers l'Afrique étaient de plus petite taille après des étés chauds dans l'Arctique", expliquent ces chercheurs dont Jan van Gils du Royal Netherlands Institute for Sea, un des principaux co-auteurs.



Quand ils arrivent dans leur habitat hivernal sur la côte de Mauritanie après avoir parcouru 5.000 km, ces oiseaux sont de nouveau pénalisés car la longueur de leur bec plus petit, est insuffisante pour atteindre leur nourriture de choix, des mollusques bivalves enterrés dans les sédiments. Ils sont donc contraints de se nourrir d'aliments nettement moins nutritifs et le plus souvent dépérissent.

Malnutrition vs évolution

Les résultats de cette étude confortent l'hypothèse selon laquelle le corps des animaux se réduit parce que le changement climatique perturbe leurs capacités à consommer suffisamment de la nourriture adaptée à leurs besoins au bon moment, entraînant une malnutrition. Une autre hypothèse qui a aussi été avancée pour expliquer cette évolution est qu'un corps plus petit est mieux adapté pour dissiper la chaleur vu sa surface réduite. 

Mais "étant donné que les oiseaux plus petits survivent nettement moins que les plus grands, nous rejetons l'hypothèse selon laquelle le rapetissement du corps procure un avantage de l'évolution", conclut Jan van Ils.



martes, 17 de mayo de 2016

Historia del uso humano de la energía.

La energía y el medio ambiente van estrechamente unidos. Para entender esta relación se ha de conocer la breve historia de nuestra especie como usuaria de la energía en sus diferentes fuentes o formas.

Durante miles de años la única energía que los seres humanos podíamos utilizar era la de nuestros músculos. La energía del Sol proporcionaba luz y calor, pero una vez llegaba la noche, nuestros antepasados ​​buscaban refugio y calor humano para poder superar el frío y la oscuridad. Hace unos 500.000 años, no sabemos muy bien cómo, los humanos empezaron a controlar una primera fuente de energía: el fuego, a partir de la combustión de la biomasa. 


La vida cambió de repente para que el fuego proporcionaba calor y protección contra los depredadores. Además, poco a poco, se fueron encontrando otras utilidades: cocinar alimentos, endurecer las herramientas, secar las pieles, etc. La vida se hizo un poco más fácil.

Con el paso de los milenios el ingenio humano permitió crear herramientas e instrumentos que incrementaban el rendimiento de la energía física: la palanca, el arco, el martillo o el rodillo. Pero hace unos 10.000 años un nuevo paso adelante hizo aumentar más la productividad: la domesticación de los animales, que permitía trabajar más y más rápido aprovechando su energía física, a la que pronto se aplicaron herramientas y máquinas cada vez más complejas que en multiplicaban la eficacia, como el arado o la noria.

El viento y el movimiento del agua fueron las siguientes fuentes de energía aprovechadas. En el caso del viento, hace unos 5.500 años aparecieron las primeras embarcaciones propulsadas a vela, mientras que los romanos crearon los molinos de agua en el siglo I a.C. para moler el grano. Los molinos de viento son posteriores y aparecieron en Persia hacia el siglo VII de nuestra era, y se utilizaban básicamente para extraer agua de pozos.
Durante los siguientes diez siglos pocos cambios tecnológicos más se dieron, y, para la mayoría de la población, la madera y el carbón vegetal siguieron siendo las principales fuentes de energía. 

El gran cambio se dio a finales del siglo XVIII, con la aplicación de la máquina de vapor, que es cuando se entra de lleno en la era industrial y empieza nuestra dependencia de los combustibles fósiles. La profusión de las máquinas de vapor lleva a la explotación masiva del carbón mineral, con un potencial calorífico superior a la leña y el carbón vegetal. 

A partir de 1859, se excavan los primeros pozos de petróleo en EEUU, a finales del siglo XIX, se desarrollan los motores de explosión y comienza la utilización masiva del gas en las ciudades para la calefacción y la iluminación.

La primera central eléctrica se crea en 1882 en Nueva York, y poco a poco, gracias a las investigaciones de Thomas Edison y otros científicos, la electricidad se convierte en la principal fuente de energía. La producción de electricidad se desarrolla durante el siglo XX en gran escala a partir de centrales hidroeléctricas y centrales térmicas de carbón o fuel que abarata mucho la obtención y, en consecuencia, estimulan consumo.

El crecimiento de la demanda de electricidad y el uso de los combustibles fósiles para mover los medios de transporte no ha parado de crecer exponencialmente hasta el siglo XXI. Por el camino se han aplicado otras formas de energía tanto o más peligrosas que los combustibles fósiles, como la energía nuclear, pero también se han ido desarrollando progresivamente las llamadas energías renovables y sostenibles: el viento, el agua, el sol , la biomasa y la geotérmica.

La evolución del aprovechamiento de la energía es la evolución del progreso material de la humanidad y la mejora de las condiciones de vida, cada vez más fáciles y alejadas de la dureza de gran parte de nuestra historia como especie. 

Pero no debemos olvidar que nuestra dependencia de los combustibles fósiles ha provocado que todo el carbono confinado y almacenado de forma natural bajo tierra durante millones de años saliera a la atmósfera en poco más de dos siglos. Esto ha provocado el calentamiento del planeta y nos ha abocado a una situación de consecuencias inciertas, pero previsibles y potencialmente peligrosas para muchas especies, incluida la nuestra.

martes, 19 de abril de 2016

Los bosques sincronizan su crecimiento en respuesta al cambio climático



Un equipo de investigadores, con participación de la Universidad Politécnica de Madrid, tras el análisis de los patrones de los anillos en grosor de diferentes especies de coníferas en España y en Siberia, ha comprobado que en ambas regiones los cambios que se producen en las poblaciones de árboles coinciden. Esta creciente sincronía en las secuencias de anillos de crecimiento son la respuesta al aumento de temperaturas.

Los bosques desempeñan un papel clave en el balance de carbono en los ecosistemas terrestres. Una de las principales incertidumbres en las predicciones del cambio climático se centra en cómo las dinámicas espacio-temporales de la productividad forestal se verán afectadas por el aumento de temperaturas. Sin embargo, las secuencias de anillos de crecimiento de los árboles aportan un tipo de archivos de alta resolución sobre las respuestas biológicas al impacto del cambio climático.


Un equipo de investigación multidisciplinar formado por investigadores rusos y españoles, en el que ha participado una investigadora de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Montes, Forestal y del Medio Natural de la UPM, ha analizado los patrones de los anillos de crecimiento en grosor de diferentes especies de coníferas en España y en Siberia.

                         Muestreo de un pino silvestre centenario con barrena de Pressler, Navarredonda de Gredos, España. / Mar Génova

                                                                   Bosque mediterráneo español.




                                         Distribución territorial de los bosques y matorrales mediterráneos continentales de Europa



El estudio, publicado en PNAS, ha comprobado que existe en ambas regiones un incremento de la sincronía espacial en dichos patrones, lo que representa una señal de alerta de los impactos del calentamiento climático en los ecosistemas forestales a escala subcontinental. El concepto de sincronía espacial en el crecimiento de los árboles se refiere a coincidencias de los cambios entre poblaciones de árboles geográficamente disjuntas.


"En el estudio realizado se quería comprobar si este fenómeno era local o más bien se extiende sobre grandes regiones a escala subcontinental. Para este fin se seleccionaron dos ecosistemas terrestres muy contrastados: la taiga extremadamente fría de Siberia continental y los comparativamente cálidos y secos bosques mediterráneos montanos”, explica Mar Génova, investigadora de la UPM. 


Se utilizaron 93 cronologías de anillos de crecimiento de seis especies diferentes de coníferas: 45 cronologías procedentes de Siberia central y 48 de diversos sistemas montañosos ibéricos.

                                                                Bosque de coníferas en la taiga siberiana.
 
                                                            Bosque monoespecífico de abedules en la taiga


Nueva metodología para el estudio de los anillos


Para afrontar el tratamiento del gran volumen de datos se ha desarrollado un nuevo marco metodológico, capaz de hacer frente a grandes conjuntos de secuencias de anchura de anillos que se remontan en el tiempo a varios siglos. Estos nuevos métodos han permitido demostrar que la sincronía entre los patrones de crecimiento en bosques de coníferas cuyo principal factor limitante es, en el caso de la taiga el frío, y en el caso de los bosques mediterráneos la sequía, se ha ido incrementando en los últimos 120 años hasta un punto máximo a principios del siglo XXI.

Esta coherencia sin precedentes en el pasado reciente, a gran escala geográfica, indica que la sincronía del crecimiento entre bosques alejados hasta casi mil kilómetros es muy similar a la de los árboles que habitan en una misma masa forestal.


Este crecimiento más sincrónico de los bosques provocado por el calentamiento climático es un fenómeno global, pero los mecanismos particulares que actúan en cada caso son regionalmente dependientes. 


En particular, están relacionados con el aumento de estrés por sequía a finales de la primavera en España y con un mayor impacto de las fluctuaciones interanuales de las temperaturas de verano en Siberia. Además, todo ello se relaciona con un inicio más temprano de la formación de la madera, que se ha demostrado que está inducido por un clima más cálido.


El incremento de la sincronía en el crecimiento en grosor puede ser útil para establecer umbrales climáticos para la supervivencia de los árboles y poder anticipar fenómenos de decaimientos forestales locales y regionales.

Referencia bibliográfica:
Shestakova, T.A., Gutiérrez, E., Kirdyanov, A.V., Camarero, J.J., Génova, M., Knorre, A.A., Linares J.C., Resco de Dios, V., Sánchez-Salguero, R. & Voltas, J. (2016). "Forests synchronize their growth in contrasting Eurasian regions in response to climate warming". Proceedings of the National Academy of Sciences113 (3), 662-667.